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La humanidad lleva realizando evaluaciones de riesgos desde la primera vez que un hombre de las cavernas asomó la cabeza desde su guarida y determinó si era seguro correr hasta el abrevadero. La evaluación de riesgos es una capacidad inherente de la que todos somos conscientes y constituye la base sobre la que intentamos comprender la incertidumbre. En el mundo actual, la incertidumbre es una compañera indeseada pero constante, y las organizaciones comprenden claramente el papel que desempeña la gestión de riesgos a la hora de garantizar el éxito. Por ello, el proceso de evaluar sistemáticamente los riesgos en toda la empresa se ha convertido en un pilar fundamental del programa de gestión de riesgos. Sin embargo, esta práctica no está exenta de su propia evolución. Atrás quedaron los días en los que una organización podía sentirse tranquila con una simple revisión periódica de los posibles problemas. Las evaluaciones de riesgos han cambiado significativamente en respuesta a los nuevos tiempos.

Se está dedicando más tiempo y esfuerzo a las evaluaciones de riesgos debido a la gran visibilidad de estos y al interés que muestran la dirección ejecutiva, los comités de auditoría y de riesgos y el consejo de administración. Al igual que el hombre de las cavernas aprendió que no bastaba con echar un vistazo rápido y adentrarse en la selva, las organizaciones están adoptando un enfoque más reflexivo y dedicando recursos para garantizar que se revisen los datos más relevantes y adecuados con el fin de fundamentar los informes de riesgos. Esto ya no es un mero trámite burocrático, sino una aportación real a la toma de decisiones y al diseño de estrategias en los niveles más altos de la organización.

La frecuencia de las evaluaciones de riesgos ha aumentado para ofrecer una visión más continua de los posibles problemas que pueden surgir en las operaciones empresariales. Además de dedicar más tiempo y esfuerzo a recabar información, se están recopilando datos sobre los riesgos con mucha mayor frecuencia para adaptarse al ritmo de los cambios empresariales y operativos. La volatilidad del mercado, el aumento de las presiones normativas y las consecuencias cada vez más graves de los acontecimientos negativos han obligado a las funciones de gestión de riesgos a acelerar el ritmo para entrar en un ciclo continuo de evaluación.

La necesidad de obtener resultados tangibles y fundamentados a partir de las evaluaciones de riesgos ha llevado a prestar una mayor atención a la cuantificación del riesgo, con el fin de respaldar mejor la toma de decisiones. Si bien las evaluaciones cualitativas pueden proporcionar una orientación general y ayudar a establecer prioridades, la categorización amplia de los riesgos mediante los métodos tradicionales de mapas de calor impide clasificar realmente por orden de importancia los posibles problemas y equilibrar la inversión con el rendimiento. La conversión de la incertidumbre en posibles exposiciones e impactos financieros está permitiendo a las organizaciones evaluar dónde se obtiene la mayor rentabilidad a la hora de tomar decisiones para implementar controles.

La evolución de las necesidades en materia de gestión de riesgos ha llevado a muchas organizaciones a replantearse su enfoque respecto a la evaluación de riesgos. Descarga nuestro breve informe técnico «Evolución de sus evaluaciones de riesgos: consejos para desarrollar una estrategia preparada para el futuro» para obtener recomendaciones sobre cómo adaptar su enfoque de evaluación de riesgos a fin de satisfacer las necesidades inmediatas y futuras de su organización.