
Ahora que la Serie Mundial está llegando a su fin, me ha venido a la mente «Moneyball», una película de 2011 basada en el relato de la temporada de 2002 del equipo de béisbol de los Oakland Athletics y en los intentos de su director general, Billy Beane, por formar un equipo competitivo. En la película, Beane y el director general adjunto, Pete Brand —un genio de las matemáticas recién salido de la Universidad de Yale—, se enfrentaban a uno de los presupuestos más bajos de la liga para fichar jugadores; sin embargo, formaron un equipo con talentos infravalorados aplicando un sofisticado enfoque sabermétrico a la búsqueda y el análisis de jugadores. Este enfoque iba en contra de la forma tradicional de ojeo, llevada a cabo por hombres que creían poder predecir el éxito futuro de un jugador simplemente observando su habilidad para batear, lanzar o robar una base.
Tras las hábiles negociaciones de Beane para fichar a jugadores que se ajustaban al perfil matemático, los A’s renacieron, logrando clasificarse para los playoffs y ganar la División Oeste de la Liga Americana con un balance de 103-59 en la temporada regular de 2002, solo por detrás de los Yankees en cuanto al mejor balance de toda la Major League Baseball.
¿Qué tiene esto que ver con la gestión de riesgos?
Calificación del riesgo
Una de las formas tradicionales de evaluar los riesgos es mediante una escala cualitativa, como alto/medio/bajo o del 1 al 5 —el enfoque típico que se aplica al bateo, al lanzamiento o al robo de bases—. Sin embargo, como señala David Vose, de Archer:«¿Cuándo (debería) describirse la probabilidad de un riesgo como baja? ¿Por debajo del 10 %? ¿Y qué hay de “muy baja”? ¿Por debajo del 1 %?». Y añade:«Los términos cualitativos que describen el riesgo son demasiado ambiguos, muy difíciles de cuestionar y de poner de acuerdo, hacen un mal uso de los datos disponibles y no nos permiten elaborar la estrategia de gestión de riesgos más eficaz».
Este enfoque cualitativo es similar al de los ojeadores de béisbol que calificaban a los bateadores como «superiores» o «medios». Ambas formas de evaluar los riesgos y a los bateadores adolecen de un sesgo inherente. Aunque estas medidas resultan útiles en determinadas circunstancias, no proporcionan información sobre los posibles impactos en dólares y céntimos, que es en lo que se basan los responsables de la toma de decisiones para actuar. Billy les dice a los ojeadores de la vieja escuela que deben cambiar su forma de actuar si quieren ganar con las restricciones salariales que tienen.
Cuantificación del riesgo
Billy y Pete adoptaron un enfoque diferente y cuantitativo para alcanzar el resultado que deseaban, que era ganar. Calcularon los objetivos intermedios que les permitirían lograrlo, como el promedio de carreras que necesitaban por partido, el porcentaje de llegar a base, etc. A continuación, seleccionaron a los jugadores más baratos o más infravalorados que presentaban los indicadores de rendimiento adecuados y cumplían sus criterios, lo que les permitió sacar el máximo partido a su presupuesto.
Las empresas necesitan generar ingresos, obtener beneficios y cumplir los objetivos de ingresos y las expectativas del mercado. Los directivos toman decisiones a diario sobre estrategias de crecimiento empresarial, medidas competitivas o cambios organizativos basándose en los beneficios o costes financieros. Para que estos ejecutivos puedan evaluar si deben destinar recursos a hacer frente a un riesgo o bien aprovechar una oportunidad de negocio, necesitan comparar el coste y el beneficio entre sí, es decir, «comparando lo comparable». En términos muy sencillos, ¿cuáles son el coste y el beneficio del riesgo? La cuantificación del riesgo es el arte y la ciencia de comprender las repercusiones económicas que los riesgos podrían tener en los objetivos y estrategias de la organización.
La cuantificación del riesgo traduce la gestión del riesgo al lenguaje que necesitan los directivos para evaluar los riesgos en relación con los objetivos estratégicos y operativos de la empresa, y resulta especialmente importante cuando existen riesgos que amenazan la capacidad de la organización para alcanzar sus objetivos; basta con recordar las repercusiones que tuvo la pandemia en empresas y sectores de todo tipo y tamaño.
Tanto el enfoque sabermétrico para la selección y el análisis de jugadores como el enfoque cuantitativo para medir los riesgos parten de un objetivo final: las victorias y la consecución de los objetivos estratégicos, que son, precisamente, la razón de ser de este deporte.
Para obtener más información sobre la gestión integrada de riesgos (IRM) y la cuantificación de riesgos, visita archerirm.com.










