
Las organizaciones reconocen desde hace tiempo la necesidad de estandarizar las prácticas de gestión de riesgos para garantizar la coherencia a la hora de identificar y evaluar los riesgos en toda la organización, en el marco de los programas de gestión de riesgos empresariales (ERM). Hoy en día, la mayoría de las organizaciones utilizan evaluaciones cualitativas o semicuantitativas, que son sencillas y repetibles, por lo que pueden aplicarse a toda la empresa. Sin embargo, pueden ser imprecisas, no auditables, muy subjetivas y ambiguas y, lo que es más importante, no pueden agregarse de forma significativa. Esto da lugar a una representación muy fragmentada del panorama de riesgos de la organización.
Además de mejorar sustancialmente la precisión y la riqueza de las evaluaciones de riesgo individuales, la evaluación cuantitativa ofrece un método para agregar riesgos, lo que permite desfragmentar este panorama. La cuantificación del riesgo se ha convertido en un objetivo común para los equipos de gestión de riesgos. De hecho, desde hace años se viene avanzando lentamente en esa dirección. La mayoría de las organizaciones han pasado de métodos puramente cualitativos («alto», «medio», «bajo») a establecer medidas categorizadas de probabilidad e impacto, como probabilidades estimadas, rangos de estimaciones de pérdidas y otros factores semicuantitativos. Sin embargo, la incorporación de medidas verdaderamente cuantitativas que utilicen las frecuencias de los eventos y las exposiciones financieras para calcular el riesgo aún no se ha convertido en la norma.
Un proceso de gestión de riesgos empresariales (ERM) debe identificar los riesgos en toda la empresa y asignarles un responsable, lo que da lugar a un registro de riesgos que articula las incertidumbres que afectan a los objetivos de la empresa. Una combinación de identificación ascendente y descendente puede ayudar a construir esta visión general. La primera capta las preocupaciones y actividades inmediatas de la primera línea, dedicada a generar y proteger valor en la empresa; la segunda impone una estructura categórica a las incertidumbres que se supone que influyen en los objetivos y la utiliza para intentar garantizar la exhaustividad.
La evaluación cuantitativa permite describir los riesgos con mayor precisión, diferenciarlos mejor y sintetizarlos en toda la organización para ofrecer información empresarial más detallada que ayude a orientar las decisiones. La principal ventaja de adoptar las evaluaciones cuantitativas es transformar la gestión de riesgos en un factor que contribuya de forma mucho más proactiva y menos reactiva al negocio.
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