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La creación de una organización resiliente se ha abordado tradicionalmente desde la perspectiva de «¿qué hacemos cuando se produce una catástrofe? ¿Cuánto tiempo podemos estar inactivos? ¿Cómo nos recuperamos?». Todas estas son preguntas válidas. Sin embargo, si la reciente pandemia, los continuos ciberataques y los problemas en la cadena de suministro nos han enseñado algo, es que las personas y las organizaciones de todo el mundo deben estar preparadas para lo que pueda suceder.

Una preparación eficaz no solo consiste en saber qué hacer cuando (y no «si») se produzca una interrupción, sino que comienza antes y, a menudo, implica identificar posibles situaciones de interrupción y sus repercusiones, así como aplicar medidas para abordarlas de forma proactiva. Recuerda que las interrupciones en tu organización no se limitan a los desastres naturales, las pandemias y los ciberataques. También pueden provenir de la competencia, de modelos de negocio obsoletos y de otras fuentes de las que quizá no seas consciente a primera vista.

Desarrollar la resiliencia se ha convertido, por necesidad, en una cuestión de planificación proactiva, de comprender qué factores podrían afectar al negocio, de adaptarse, de prepararse para lo inevitable y de aprender de todo ello. Pero, ¿te has planteado que desarrollar la resiliencia puede ser algo positivo? ¿Has pensado alguna vez en cómo las fuerzas disruptivas, si se gestionan bien, pueden fortalecer tu organización? Déjame ponerte un ejemplo.

El viento desempeña un papel fundamental en la vida de un árbol. De hecho, la presencia del viento fortalece al árbol al mantenerlo en constante movimiento. Esto provoca tensión en la madera, que constituye la estructura portante del árbol. Para compensarlo, el árbol desarrolla lo que se conoce como «madera de tensión». Este efecto ayuda al árbol a fortalecerse y a orientarse para recibir la mejor luz posible. El árbol crece de forma más sólida gracias a la madera de tensión que se forma como respuesta al viento.

Tomando este ejemplo, el árbol es tu organización. Los vientos son fuerzas disruptivas que se te echan encima cada día: desastres naturales, ciberataques, problemas en la cadena de suministro y mucho más. Estos factores —independientemente de cómo reacciones o del impacto que tengan— están creando, en efecto, «madera de estrés», que es lo que has aprendido y las medidas que has puesto en marcha para estar preparado o reaccionar, lo que hace que tu organización sea más fuerte, no solo para sobrevivir, sino para prosperar.

La creación de una organización resiliente abarca a tu personal, los procesos, las tecnologías de la información, los terceros y mucho más. Tu organización se vuelve resiliente mediante la planificación y la preparación, y al afrontar las interrupciones y los errores cometidos. Todo ello forma parte del proceso de aprendizaje y crecimiento.

Opino que la resiliencia empresarial merece con creces el esfuerzo y el coste que supone. Puede resultar una tarea abrumadora, y son muchos los que no saben por dónde ni cómo empezar a desarrollar la resiliencia empresarial de su organización.

Visita nuestra página web para obtener más información sobre cómo Archer ayuda a las organizaciones a desarrollar su resiliencia.