
La gestión de riesgos solía ser un proceso lento, laborioso y fragmentado, en el que las hojas de cálculo y las listas de comprobación circulaban a través del sistema de correo electrónico de la organización. No es de extrañar que la gestión de riesgos se dejara en manos de los distintos departamentos de forma independiente, pasando a menudo por alto la forma en que los riesgos interactúan entre distintos ámbitos. Las limitaciones del conjunto de herramientas de gestión de riesgos restringían el alcance de dicha gestión.
El panorama de la gestión de riesgos ha cambiado —y sigue transformándose—: las organizaciones se enfrentan a más riesgos al tiempo que tratan de desarrollar una mayor resiliencia operativa. Afortunadamente, a medida que evolucionan los riesgos, también lo hacen las herramientas utilizadas para gestionarlos. Las nuevas herramientas permiten la elaboración de informes en tiempo real desde dispositivos móviles, conectando a las partes interesadas de primera línea con los equipos centrales de gestión de riesgos. El software de visualización, predicción e incluso aprendizaje automático, fácil de usar y automatizado, elimina las conjeturas a la hora de intentar anticipar riesgos futuros. La cuantificación permite comparar directamente diferentes tipos de riesgo de toda la organización.
Estas innovaciones llegan en un momento en el que las organizaciones prevén más perturbaciones. En 2020, realizamos una encuesta a empleados de todos los niveles de diversas organizaciones líderes que no solo sobrevivieron, sino que prosperaron durante el último año de perturbaciones en sus iniciativas de gestión de riesgos. Casi tres de cada cuatro encuestados consideraban que el perfil de riesgo de su organización se ampliaría en los próximos dos años. Para obtener más información sobre las mejores prácticas actuales en materia de gestión de riesgos, lee nuestro informe«El estado de la gestión integrada de riesgos».
Nuevas herramientas de gestión de riesgos para resolver viejos problemas
La gestión de riesgos basada en evaluaciones cualitativas ha quedado obsoleta. Los mapas de calor se limitan a asignar colores a términos como «mínimo» o «catastrófico», sin ofrecer ninguna orientación sobre cómo distribuir los recursos para mitigar los riesgos. Las evaluaciones cualitativas tampoco permiten determinar el coste de una «catástrofe», qué medidas hay que adoptar para evitar sus consecuencias ni cómo capear el proverbial temporal para salir airoso de la situación.
Las limitaciones de las evaluaciones cualitativas y la dificultad para determinar el coste que podría suponer una perturbación determinada han llevado a la creación de métodos cuantitativos más rigurosos. Aunque es fácil comprender que un efecto «mínimo» es mejor que uno «muy adverso», no existe una forma cualitativa de comparar varios efectos pequeños con uno solo de mayor magnitud.
Las herramientas de evaluación cuantitativa de riesgos permiten a los equipos de gestión de riesgos llevar a cabo precisamente ese tipo de análisis, ya que el lenguaje universal de los números permite realizar comparaciones y agregaciones entre elementos homogéneos. Las organizaciones pueden ahora basarse en cifras concretas a la hora de decidir cómo asignar los recursos gracias a las nuevas herramientas de evaluación y gestión de riesgos.
Las organizaciones inteligentes miran hacia el futuro
Una organización que se asegura de que su plataforma de gestión integrada de riesgos pueda adaptarse a los avances futuros está tomando medidas acertadas. Como bien sabe cualquier organización que haya tenido que realizar la transición de sistemas heredados a herramientas digitales, la tarea de incorporar nuevos métodos puede generar muchas dificultades.
Para que una organización pueda incorporar métodos y avances futuros en materia de gestión de riesgos, es fundamental garantizar que las partes interesadas comprendan que la gestión integrada de riesgos es un proceso continuo y en constante evolución. Los retos actuales exigen gestionar un cambio cultural que pase de cumplir con los requisitos de forma reactiva a adoptar un modelo proactivo de gestión de riesgos que requiera la participación de toda la organización. Los retos del futuro exigirán el mismo nivel de implicación, si no mayor.
La resiliencia operativa es más importante que nunca
La pandemia puso de manifiesto lo importante que es para las organizaciones poder adaptarse rápidamente a los cambios vertiginosos y a las perturbaciones repentinas. Los perfiles de riesgo digital se ampliaron cuando gran parte de la plantilla comenzó a trabajar a distancia, lo que obligó a poner en línea activos críticos de tecnología de la información. Las dificultades para cumplir con la normativa se agravaron a medida que se ponían en marcha nuevas medidas para limitar la propagación del virus SARS-CoV-2. Las perturbaciones en la cadena de suministro limitaron los insumos y asfixiaron el mercado de productos y servicios físicos.
La densa red de conexiones que conforman la economía global y los fuertes vínculos entre organizaciones adyacentes aumentan la exposición al riesgo de terceros y a las interrupciones. La facilidad con la que Internet permite encontrar nuevos proveedores o prestadores de servicios hace que las organizaciones que cuentan con resiliencia operativa tengan una ventaja frente a aquellas que no son fiables o que actúan de forma inconsistente.
Mantener el impulso de la gestión integrada de riesgos
La gestión integrada de riesgos es un proceso, no un objetivo final. Incluso las organizaciones que cuentan con programas bien estructurados siguen necesitando vincular los riesgos con el negocio mediante procesos interfuncionales. Hemos constatado que los pasos pequeños y factibles, que pueden mantenerse a largo plazo, son más eficaces para mantener el impulso que los grandes esfuerzos en los que participan todos los empleados.
La gestión integrada de riesgos debería estar tan arraigada en las actividades de una organización como lo está su misión fundamental. Al fin y al cabo, poder aumentar la resiliencia operativa y mitigar las interrupciones permite a las organizaciones seguir prestando los servicios que ofrecen. Cuando la gestión de riesgos está profundamente integrada en la toma de decisiones y en las acciones del lugar de trabajo, las organizaciones pueden desempeñar sus funciones con mayor eficacia.
Nuestros más de 20 años de experiencia como líderes del sector, junto con el análisis de nuestra cartera actual de clientes y de la comunidad general de gestión de riesgos, nos proporcionan un profundo conocimiento de cómo se gestiona el riesgo. Sabemos que cada departamento tiene un perfil de riesgo y unos requisitos operativos distintos, por lo que hemos creado una plataforma común llamada Archer que integra los riesgos procedentes de diversas fuentes. Archer ofrece un punto central para la integración, la automatización y la generación de informes en materia de gobernanza, riesgo y cumplimiento normativo. La plataforma se puede personalizar e incluso ampliar, ofreciendo soluciones listas para usar y casos de uso especializados para gestionar el perfil de riesgo de una organización.
Hemos recopilado estos conocimientos del sector en nuestro nuevo informe,«El estado de la gestión integrada de riesgos». Lee el informe hoy mismo para descubrir cómo han trabajado las principales empresas para lograr la resiliencia operativa y qué medidas se pueden adoptar para mitigar los riesgos cambiantes en el futuro.










